El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha proyectado que la economía venezolana crecerá 7,4% en 2026, una cifra que sitúa a Venezuela como uno de los países con mayor expansión económica de América Latina, pese a una inflación que aún se mantiene en niveles de tres dígitos. Según el boletín macroeconómico de la agencia, el Producto Interno Bruto (PIB) del país podría cerrar el año con un incremento de 7,4% respecto al 2025, impulsado principalmente por la reactivación del sector petrolero, la flexibilización de algunas restricciones internacionales y ajustes en el marco regulatorio interno. Aun así, el mismo informe advierte que la inflación se ubicará en torno al 271,6%, lo que refleja una combinación de dinamismo real y persistencia de presiones sobre los precios.

Un escenario de crecimiento robusto pero heterogéneo
La proyección de 7,4% de crecimiento no se traduce en una reactivación uniforme en todos los sectores de la economía. El PNUD destaca que el repunte vendrá en buena parte del sector petrolero, que se prevé avance alrededor de 11,5%, con una producción promedio de cerca de 1,211 millones de barriles diarios, un alza de 12% frente al 2025. Este incremento de la actividad en el principal motor de exportaciones genera efectos de arrastre en cadena de abastecimiento, divisas, empleo y recaudación fiscal, lo que explica en gran medida el salto de la tasa de crecimiento del PIB.
No obstante, el organismo subraya que el PIB no petrolero también mostraría un crecimiento relevante, estimado en 6,9%, lo que indica que sectores como comercio, servicios, construcción e industria no básica se están beneficiando en menor medida del cambio de condiciones. Factores como la relativa estabilización del tipo de cambio, la apertura gradual de más mercados para el crudo y la reconfiguración de las relaciones comerciales y financieras han favorecido una mayor fluidez de capitales y de bienes, lo que estimula el funcionamiento de la economía productiva más allá del círculo estrecho de la renta petrolera.
Inflación elevada, pero sin regreso a la hiperinflación extrema
Aunque el PNUD ve un proceso de crecimiento en marcha, el dato más llamativo de su análisis es la proyección inflacionaria: cerca de 271,6% para 2026. Esta cifra, aunque muy alta, representa una moderación con respecto a los picos de la hiperinflación de años anteriores, cuando tasas de 1000% o más eran moneda corriente. El organismo señala que el contexto se ha modificado en parte por la dolarización de facto de la economía, el ajuste de la masa monetaria y la mayor disciplina fiscal en el gasto público, especialmente en los primeros meses de 2026.
La inflación se mantiene elevada por varios canales. En primer lugar, la inercia de precios, producto de la persistente indexación de muchos contratos, tarifas y salarios a la variación del dólar y de la inflación pasada. En segundo lugar, la dependencia de importaciones de bienes y servicios básicos, cuyos costos se ven afectados por la volatilidad cambiaria y por los precios internacionales de combustibles, fertilizantes y alimentos. La tercera fuente de presión es la debilidad estructural de muchos eslabones productivos nacionales, con baja capacidad de absorción de demanda interna, lo que limita la oferta y favorece la escalada de precios cuando la economía acelera.
En este sentido, la proyección del PNUD describe un escenario de “crecimiento con alta inflación” más que de estabilización completa. El organismo advierte que, sin políticas de control de demanda, fortalecimiento de la producción nacional y consolidación de una regla monetaria más clara, el descenso de los niveles inflacionarios podría ser más lento de lo deseado.
Cambios estructurales detrás de la nueva dinámica
El PNUD señala que el escenario de crecimiento de 7,4% para rigged2026 está estrechamente vinculado a cambios estructurales en el entorno económico, institucional y regulatorio que se consolidaron desde principios de año. Entre ellos se destacan la flexibilización de algunas sanciones internacionales, la apertura de nuevas vías de venta de crudo a mercados que antes estaban cercados y la reconfiguración de alianzas energéticas y financieras en un contexto de tensión en el Medio Oriente y de presión sobre precios de commodities.
A nivel interno, el reporte recalca la importancia de reformas relativas a la propiedad de activos, la regulación de la inversión extranjera y la apertura de nuevas áreas productivas, como el sector minero y partes del agrícola, como factores que están atrayendo capital y dinamizando la inversión. Asimismo, el fortalecimiento de ciertos mecanismos de rendición de cuentas, aunque parcial, ha reducido de forma marginal la incertidumbre para algunos actores del sector privado, facilitando la toma de decisiones de inversión a mediano plazo.
Tabla: principales indicadores macroeconómicos proyectados para Venezuela 2026
| Indicador | Proyección 2026 | Comentarios clave |
|---|---|---|
| Crecimiento del PIB | 7,4% | Mayor crecimiento de la región |
| Crecimiento del PIB petrolero | 11,5% | Impulsado por volumen y precios del crudo |
| Crecimiento del PIB no petrolero | 6,9% | Comercio, servicios e industria básicos |
| Inflación anual | 271,6% | Muy alta, pero sin regreso a hiperinflación extrema |
| Producción petrolera promedio | 1,211 millones bpd | Alza de 12% respecto a 2025 |
Esta tabla resume la idea central del informe: Venezuela estaría en una fase de reactivación de la producción y del ingreso, aunque el proceso de normalización de los precios se vea más lento y complejo.
Implicaciones sociales y de bienestar
Desde la óptica del PNUD, el crecimiento del PIB en sí mismo no garantiza mejoras automáticas en el bienestar de la población, sobre todo cuando la inflación se mantiene tan elevada. El organismo enfatiza que, en un escenario de alta inflación, el poder adquisitivo de los salarios, las pensiones y las transferencias sociales se deprime, a menos que existan mecanismos robustos de indexación o ajuste compensatorio. La reactivación económica puede traducirse en más empleo, especialmente en sectores ligados al crudo, al comercio y al servicio financiero, pero también puede generar desigualdades regionales y sociales notorias.
El informe de la ONU advierte que la recuperación económica debe ir acompañada de políticas de protección social efectivas: aumento de la cobertura de programas de transferencias condicionadas, fortalecimiento de los sistemas de salud pública y educación, y expansión de acceso a servicios básicos como agua, energía y transporte. Sin esto, el beneficio del crecimiento 7,4% podría concentrarse en grupos con mayores niveles de ingreso, dejando a amplios sectores de la población vulnerable expuestos a la volatilidad de precios, a la inseguridad laboral y a la precariedad de vivienda y servicios.
Riesgos y desafíos pendientes
Pese a la proyección optimista, el PNUD enumera una serie de riesgos que podrían revertir parte del dinamismo previsto para 2026. Entre ellos figura la posibilidad de un repunte de las tensiones geopolíticas que afecten el precio del petróleo, la reactivación de presiones internacionales que limiten la comercialización de crudo, o choques externos que encarezcan las importaciones vitales. También se menciona la debilidad de las instituciones económicas, la inestabilidad política y el riesgo de un nuevo giro hacia políticas económicas más intervencionistas, lo que podría frenar la inversión privada y la disciplina fiscal.
Otro frente de riesgo es la debilidad de la estructura productiva diversificada. El país sigue dependiendo en gran medida de la industria petrolera, lo que hace que el crecimiento de 7,4% sea altamente sensible a variaciones en el mercado de hidrocarburos. Si el precio del petróleo cayera de forma abrupta o se registraran interrupciones en la producción por fallas de infraestructura, falta de mantenimiento o problemas de gestora, el impulso de la economía podría desacelerarse con rapidez, pese a la proyección inicial.
Perspectivas hacia el futuro reciente
El PNUD cierra su análisis con una advertencia: el crecimiento de 7,4% en 2026 debe ser visto como un punto de partida, no como un destino definitivo. La organización subraya que la verdadera prueba de fuerza de la economía venezolana no será tanto el dato de crecimiento anual, sino su capacidad de consolidar un marco de estabilidad macroeconómica, de aumentar la productividad y de reducir la desigualdad. Para ello, el organismo recomienda profundizar la disciplina fiscal, fortalecer el marco de control y transparencia, diversificar las fuentes de crecimiento y vincular el repunte de la producción con políticas de inversión en capital humano, innovación y desarrollo regional.
En este contexto, la proyección de 7,4% de crecimiento del PIB en 2026 se convierte en un escenario de posibilidades: por un lado, la economía venezolana podría seguir avanzando hacia una recuperación gradual, con empleo creciente y mayor generación de ingresos; por otro lado, la persistencia de una inflación muy alta y la fragilidad estructural podrían limitar la capacidad de la población para beneficiarse plenamente de dicho crecimiento. El balance final dependerá, en gran medida, de las decisiones de política que se adopten a corto y mediano plazo, tanto en el plano interno como en el escenario internacional.

Ella Kate es una periodista enfocada en noticias internacionales y tendencias digitales, comprometida con ofrecer información precisa y accesible para una audiencia global.